Cuatro cosas que conviene considerar.
Empieza por la pared, no por la lámina.
Mide la superficie útil de la pared teniendo en cuenta muebles, lámparas, interruptores y espacio libre. Una obra que ocupe aproximadamente dos tercios del ancho del mueble situado debajo suele parecer bien proporcionada, aunque la arquitectura y las composiciones de varias piezas pueden cambiar esa relación.
Dialoga con la estancia; no te limites a combinar.
Busca uno o dos colores que dialoguen con la estancia y deja espacio para el contraste. Repetir todos los tonos puede restar fuerza tanto al arte como al interior; una diferencia controlada aporta presencia.
Considera la luz como parte del material.
Los marcos con cristal, el papel estucado y las zonas oscuras responden de forma distinta a ventanas y lámparas orientadas. Piensa en los reflejos a lo largo del día y evita la exposición prolongada al sol directo cuando exista riesgo de decoloración.
Deja que el marco haga de puente.
El marco conecta la imagen, la pared y los muebles. Su perfil, paspartú y acabado deben facilitar esa transición, no limitarse a repetir el color más oscuro de la obra.